martes, 22 de julio de 2008

Aquella voz


Estaba desorientado, con el foco perdido. Disipaba energías en falso, retroalimentándose con el desecho ajeno. Difícil que así lograra algo. No había más esperanzas que alcanzar la inspiración que seguiría al exhalar mecánicamente. Así pasaba las horas, arrojandólas al cesto. El reloj perdía cadencia y parecía dormir intermitente.

Segundos de chicle...y la tele siempre encendida desnudando sus carencias.

Con el diario se repetía la situación. Los mismos titulares, los accidentes de siempre, un equipo alzaba la copa y otro descendía. Qué más daba a esta altura...

Su único lazo con la vida, se había desatado hacía tiempo. Aún la recordaba cada vez que se cebaba un amargo en soledad. El reproche era un hábito, como lavarse los dientes o encenderse un cigarrillo. Y más fuerte que la nicotina que abarrotaba sus pulmones. Pensó en llamarla y rogarle un imposible, hacerse culpable de todo y pedir cadena perpetua a su lado. Todo antes que esta muerte en vida.
El trabajo lo mantenía encendido ocho horas, elucubrando en ellas cómo retornar al punto de partida: aquella noche que dijo no va más.

Había perdido ganas y peso en partes iguales. Reciclaba su ropero cada quince días, llegando a usar medias dispares para el final de la ronda. Quién las vería después de todo? Quién más que su par de zapatos de gamuza percudidos, eterno basamento de la bolsa de huesos en la que se había convertido.

Arrojó el piloto en el sofá, sobre la pila de ropa sucia que descansaba en él. Decidido, tomó el teléfono y discó imperturbable los diez dígitos que lo distanciaban de aquella voz.

En la reverberancia de la respuesta, cerró el pestillo del abismo. Había olvidado lo desagradable de ese chillido agudo con decolorada cabellera...




4 comentarios:

Solcine dijo...

Hermoso, lúgubre. Tenés talento para expresarte, querido. O talento o don. Yo que se.
Digo eso por ponerle un nombre.

Felicitaciones, una vez más.

Marto dijo...

y la tele siempre encendida desnudando sus carencias


Que bueno que digas eso.. Lindo Texto Hernán. Te veo pronto...


Abrazo
Marto

Miriam dijo...

Que triste y que real. Uno en la distancia de lo sucedido solo recuerda lo bueno...
Besos

Anónimo dijo...

Dificil es hacerle entender al corazon la indiferencia de un amor.
Y aun mas dificil es acostumbrar a el alma a la soledad, despues de haber compartido un mundo creado solo para amar.
Que pesado se hace contener esas inmensas ganas de correr al encuentro de quien ya se ha marchado y ha dejado en cada cosa su marca a fuego.
Comparto esas sensaciones, aun cuando todavia busco encontrar su vos encondida en un llamado.
Besos
NSC