miércoles, 22 de octubre de 2008

El hombre de la bolsa



Era exitoso: tenía un gran empleo, una gran cuenta bancaria, una mujer de gran apellido, un gran piso en Avenida Alvear, una secretaria con grandes pechos (generosamente silenciada) y una gran agudeza para incrementar año tras año todo aquello (incluso la morfología de aquella belleza que lo esperaba todas las mañanas en la recepción)
Francisco amaneció ese día alterado como en los últimos tiempos. Entró en el baño y comenzó con su rutina: evacuó el orín, cepilló sus dientes, tomó una ducha de 5 minutos y, en medio del vapor, tanteó el tercer cajón.
Tras la afeitadora eléctrica lo esperaban los necesarios 5 gr. del polvillo que había comprado el último viernes a su dealer de siempre. Eso alcanzaría para soportar la jornada si las presiones continuaban en ascenso.
El aroma del café lo invitó a descender y en el comedor se encontró a Beatriz, la tan servicial como enorme mujer encargada de los quehaceres domésticos, quien lo venía asistiendo los últimos cuatro años.
Era ella quien lo esperaba con una sumisa sonrisa y un suculento desayuno a base de tocino frito, huevos revueltos y un bols con cereales mezclados con yoghurt (costumbre adquirida tras varios años de idas y vueltas a la Gran Manzana).
Andrea, su esposa, había salido a trotar por el parque Thays hacía unos quince minutos, aislada en su reproductor donde sólo cabían mantras y canciones rituales de diversas etnias.
Las gemelas habían partido con el chofer un rato antes y, como parte de la rutina diaria, tomó el Times y Ámbito Financiero.
Quedó perplejo con la tapa del primero: era otro lunes negro, similar a la distante pero contundente caída de los años 30.
Los indicadores mostraban pérdidas siderales y tembló al pensar en los pagos pendientes: las cuotas del colegio de las nenas, la guardería del yate, la reparación del último choque del BMW de su mujer, el loft en Puerto Madero para su amante... Sin exagerar, el nivel de sus gastos superaba holgadamente los $30000 mensuales y debía comenzar a actuar de inmediato si quería evitar una debacle estrepitosa en su standar de vida.
Primero lo primero se dijo.
Beatriz nunca lo supo, pero fue el primer recorte en su presupuesto...

4 comentarios:

Lore dijo...

¡que buena historia!
imagino que el siguiente del recorte fue el chofer???
como siempre, las crisis siempre afectan primero a las clases más sencillas ...

Marto dijo...

Buen relato, quedan abiertas más interpretaciones, así que yo dejo la mía, pero en vez de escribirla, mi comentario se redirecciona:

Vean la película "La Corporación"



Nada más...
Besos Hernán, que andes bien...

adrian dijo...

miau,miau,miau!!!...le dicen el gatoooo(ritmo cuartetero)..jajaja....com dice facundo cabral:rico no es el que mas tiene sino el que menos necesita!!!!..o el rico tiene problemas($$$$$)..y el pobre tiene ganas!!!..y bueee la mayoria estamos ahii!!!---adrian-eva-gonzalo y pampa la terrible!!!guau,guau...ehh visto un lindo gatitooo.(pampa la terrible)..jaja

Yami Clandestina dijo...

Cai aca desde facebook


me gusto mucho la verdad


super grafico, veia todo mientras leia.


Siga escribiendo asi!