
No se si tenemos ciertamente un sentido de pertenencia, de orgullo por el de dónde venimos. Cada cual tiene un orígen diferente y no voy a descubrir nada nuevo hablando del crisol que es nuestro país. Pero en estos días que han pasado donde más veces se ha cantado y escuchado el himno, donde más cielos se han arrullado en las solapas de miles se ha despertado un sentimiento del que creía que carecíamos.
Ser patriota no es solamente portar un distintivo, obviamente. Sin embargo, se veía un sentir quizás potenciado por el de los demás. Caras que reflejaban la satisfacción por haber sido en este pedazo de tierra donde le tocó nacer o el que eligió para vivir y formar su familia.
No podría haber sido de otra manera nuestra historia. Caótica, apasionada, diezmada y hasta olvidada otras tantas. Somos el aporte de todas las influencias lo que nos vuelve típicos. Porque no tenemos nada típico quizás más que la diversidad. La que se da en la topografía del terreno y en los matices de nuestras pieles. En los acentos de las provincias, las vestimentas, las comidas. Una sumatoria de diferencias que convivieron bastante más armónicamente de lo que podrían haberlo hecho. Hasta los llamados "guetos" abrieron sus puertas al resto de las comunidades porque necesitaron nutrirse de ellas. Coreanos, judíos, gallegos, tanos, polacos, rusos...todos pueden estar viviendo en la misma manzana de un barrio cualquiera. Y eso no es poco.
Si tan sólo nos hiciéramos concientes del potencial que tenemos y no dejarlo siempre en el potencial...otra será nuestra Argentina en su Tricentenario.
Mientras tanto, aprovechemos este sentir patriótico dando lo mejor de cada uno en donde le toque porque una nación se hace grande por su gente en principio. Luego por sus dirigentes. Moreno, Belgrano, San Martín, Pueyrredón...antes se formaron y acuñaron ideales para actuar en consecuencia.
Depende de nosotros el país que tendremos y de velar por ese legado....