domingo, 4 de enero de 2009

A ESTRENAR


Ya se descorchó la ultima sidra y se abrió el último pan dulce. Saludamos a todos los que quisimos y, por qué no, realizamos las debidas salutaciones de compromiso para que no piensen que dejamos el corazón en la guantera del auto.

Se fue el 2008. Ya arrojamos los papeles desde la ventana de la oficina, tiramos calendarios y recibimos un 2009 a estrenar.

Es un monoambiente pelado, una construcción estrictamente básica, con cañerías por termofusión para que no se nos escapen las lágrimas en vano y un parquet flamante listo para que lo transitemos con cuidado (evitando rayones innecesarios). Posee un balcón pequeño orientado al este, donde cada mañana el sol podrá darnos un nuevo motivo para querer levantarnos y donde podremos colocar algunas pocas macetas que nos recuerden que alguien siempre nos necesita.

La decoración es a piacere, dependiendo del buen gusto y la energía que le pongamos a la tarea, ya que los detalles de terminación corren por cuenta del adquirente. Tenemos 360 días por delante para dejarlo como lo soñamos.

De blanco inmaculado, el departamento recibiría feliz un toque de color para avivarlo y hacerlo más personal. De hecho, cada uno tiene su favorito: estará quien le ponga un arena que le recuerde las doradas playas que visitó, un verde intenso para el amante de la naturaleza, alguna gama de azul para quien necesite recostarse en las calmas aguas del océano.

Pero lo esencial es que nos apoderemos de este año, de este habitat nuevo que se nos entrega, con una renovada inspiración.

El desafío es que cada día que pase se refleje en algún pequeño logro, por mínimo que sea.

Que al terminar el día descansemos en paz sabiendo que dimos lo mejor que pudimos para mejorar como personas. Para querernos un poco más y aprender a querer al otro de una forma más sana. Habrá que seguir vistiendo este pequeño espacio, hoy vacío, sólo con aquello que nos haga sentir plenos.

Felicidad por ver como se extienden las verdes líneas en aquella maceta, como se nutren nuestras relaciones con los amigos, la familia, los hijos.

Felicidad por sentir que vamos siendo capaces de eliminar el "ruido" que atenta contra ella.

Les deseo que puedan armar este "bulín" como lo imaginen y que al llegar el 31 de diciembre lo vean aún mejor de lo que hoy lo imaginan.

Recuerden que lo único realmente importante es ser felices y, si se lo proponen, esa energía puede irradiar y contagiar a los que estén a su lado.

Salud y gran año para todos!

domingo, 28 de diciembre de 2008

Greenpeace no llega al barrio


Era una tarde asfixiante. Salí a buscar algo de sombra en la urbe, engañandome. Los espacios verdes, no son tan verdes y cada vez son menos.

Por casa, edificios que germinan mientras talan la escasa naturaleza de la cuadra para hacer una cochera. Es el progreso realmente? Cuándo sera el certificado de defunción de los barrios, del mate en la vereda, del picadito en la cortada con los buzos oficiando de arcos, de salir por la calle en bicicleta sin más temor que se te pinche o se salga la cadena?

Seré retrógrado por pretender que los chicos se ensucien en el arenero a que se encierren en la asepsia de sus cuartos con Lysoform a jugar a la play?

En la plaza sólo hay dos madres que matan las horas bajo la sombra con sus retoños en una hamaca. No hay pelotas danzando en el escaso césped, ni agudas voces que pidan un centro para el cabezazo letal. Los habitantes tienen como mucho cinco años, enanitos que gozan libremente entre el subibaja y el tobogán.

Nostalgia? Puede ser...pero no deja de llamarme la atención el desértico paisaje. Sé que es la única plaza en diez cuadras a la redonda. Eso no cambió desde que era yo quien oportunamente se esguinzaba cada tanto, por trabar el balón como si estuviera en el Azteca en la final del 86´. También ahí se disputaron las mejores carreras de bicicross, con recorrido pretrazado y obstáculos específicos a tres vueltas...donde me abrí la rodilla por esquivar un ovejero alemán que no se corrió a tiempo. Donde empapé a unas cuantas con las bombuchas al "legalizarse" la temporada carnavalera. Donde dije "pido" tantas veces, donde conté infinidad de treintas jugando a la escondida, saltando elásticos, los mancha-pelota, el poliladron....


Al recostarme en uno de los bancos, siempre con el anotador por si amanece alguna idea, creo estar nuevamente ahí. Con mi pantalón verde tres tiras que agarraba el talón y los pitucones recosidos mil veces por mi abuela.

El sol me está dando de lleno en la cara y me despierto relajado. Debo ser lo que soy porque también pude ser el que fui. Un pibe que llegada del colegio a las doce y media y que a las dos y cuarto (horario más que fijo) se encontraba con sus amigos en la plaza...jugando, relacionándome con otros, tallando humanidad... trepando a los árboles, saltando paredones para comer las moras calientes que crecían tras ellos cerca de las vías del Mitre.


Nostalgia? Puede ser...pero no deja de llamarme la atención lo que ocurre con el paso de tantos diciembres.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Siempre se vuelve al primer amor


Volvió a encontrarse con aquél damero que vestía la cuadra de su casa. Hacía quince años que una de las tantas crisis lo había echado, como a tantos, tierras afuera. El almacén continuaba encajado en la esquina pero Don José ya no estaba. Un par de asiáticas se entretenían ahora con las cobranzas en la caja, del ahora minimercado Li Chuen.

Siguió caminando los metros que lo separaban del 138 de Carrasco, donde nació una gélida mañana de junio. Recordaba a su madre quien lo lloró mares, lagunas y ríos el día que se embarcó a Quebec para hacer valer su título y su hombría.

Hizo lo mismo con el Tano Pasalaqua, su padre y tornero del barrio. Aún podía verlo gastando su vejez en esa misma vereda, sentado en la silla de mimbre mate en mano.

Él había cumplido el sueño de sus padres: se recibió de clínico a los 29 años. Tardó más que el resto, pero eso no importaba. También debía trabajar y ese verbo no siempre marida con el estudio. Pero supo abrirse camino y, con el título colgado en el living, atendía doce o mas horas por día en el Cetrángolo.

Al principio la motivación por hacer lo que le gustaba era su mejor paga.

Porque no sólo el bolsillo fue el disparador del éxodo. Su mujer lo empequeñecía cada vez que volvía del hospital con el guardapolvo remendado sobre el remiendo, mirando hacia el cuarteado cieloraso al que parecía exigirle una explicación por la dura realidad que les tocaba atravesar.

Cuando llegó Lucas y el monoambiente pasó a ser intolerable para los tres, veía al gris edificio atestado de dolientes cual Auschwitz.

Su pareja venía en irremontable picada. Su autoestima estaba en cero y con el piloto automático conectado...Una tarde recibió un mail de un antiguo compañero y, luego de dudarlo un par de estaciones, llegó a destino. Canadá y su pulcritud le daban los nuevos aires que Buenos Aires habían transformado en efisema.

Nada fue fácil al principio, tampoco lo fue al final. Tuvo su casa, dos autos, tres perros y otro hijo en ese período. Pero eso no lo contentaba. Aquí se fueron yendo su padre, su hermano y un par de amigos a los que no llegó a despedir. Por eso le temblaban las piernas al llegar a la puerta del 138.

Por eso y por haber dejado a Daniela y los chicos allá. Como antes los había hecho con sus viejos, al decirles que iba a probar suerte y jurar volver en un par de años. Ahora otro mail lo había hecho regresar.

Volvía con posgrados, masters, y un compendio de prácticas que lo habían vuelto seductor para manejar una nueva clínica en el coqueto barrio de Recoleta. Ese fue el ardíd con el que sacó pasaje, aunque en realidad volvía para hacerse cargo del sector de Terapia Intensiva del hospital Argerich. Su matrimonio no tenía retorno y no encontró mejor excusa para alejarse de las cotidianas peleas.

Tocó timbre y esperó. No quiso avisar de su llegada. Una anciana de piel ajada y arqueada espalda giró el póstigo de la ventana. Describir la expresión de su rostro al verlo sería imposible.

Él sólo atinó a decirle: "Cómo estas vieja...pongo la pava?"

lunes, 1 de diciembre de 2008

Adiós


Se nos va, ya se nos va...comentaban de costado mientras lo acariciaban delicadamente.
Era una expresión de deseo y de angustia las que encerraban esas palabras.

Inexorablemente, estaba caducando delante de sus narices. En sus mejillas ya no estaba aquella expresión del comienzo, esa esperanza renovada que las forraba de rosado y que invitaban al brindis.

No, de eso podía dar fe un escribano, un operario o un changarín. Estaba dando sus últimas risas, llantos, quejas y pocos pensaban ya en él.

Varios lo maldecían a viva voz, es cierto. Otros, más cautos, guardaban el debido respeto aunque pensaran lo mismo.

Daba pena ver lo mal que había quedado ante tanta gente, los que se encargaron uno por uno de denigrarlo y denostarlo a cada minuto.

Y con los que sí había cumplido, resultó que se fugaron. Desaparecieron en éstas, sus últimas horas, a destinos más felices. Lo olvidaron en ese pequeño reducto de cartón en el que habitaba.

Malagradecidos, mascullaba, mientras una lágrima parecía brotarle.
Ya vendrá otro peor que yo, pensaba. Ahí sí...volveré a tener la reputación del principio.
A dejar de ser un presente oscuro para ser el brillo del pasado.
Claro que si el que me sucede logra superarme (por lo fatídico, lo catastrófico) tendré pocas chances de adquirir renombre. Alguien recuerda a los mediocres acaso, se decía?

Podía pensar en dar el último batacazo para asegurarse ese lugar imborrable, pero ya carecía de fuerzas. Si apenas le quedaba el impulso final, el que llega por inercia.

Se alejaron entonces y quedó ahí solitario, custodiando el escritorio.
Era el primero del último, cabeza de león o cola de ratón?
Marcaba 1º de Diciembre...

jueves, 27 de noviembre de 2008

Refrito


Corriendo para vencer las agujas una vez más. El día no alcanza. Habría que atrasar el calendario un par de meses para hacer lo que uno desea, antes de cambiar el almanaque. Presión, presión y más presión. Compromisos, autohostigamiento, dilapidación de vida.
Cada vez más asfixiantes, en medio del océano de gente, los minutos implacablemente caen.
Y uno debe llegar como sea, a cualquier precio. A cualquier precio? Llegar adónde?
A pisar la sien de quien sea por un puesto, a acribillar con la bocina al que demoró una fracción más que el verde del semáforo, a perder la dignidad a la vuelta de la esquina, a olvidarse de los amigos por asociarse al cansancio, a negarse al amor para mimetizarse con la cama vencido tras la dura jornada.
Estamos fuera de eje, echando relámpagos por la boca. Provocando, irritando, condenando sin juicio. Una sociedad que se embrutece y apela al sálvese quien pueda, a que el último apague la luz. Ya no hay tiempo para la reflexión, para un buen libro, para un cafe en un bar.
El vértigo es dueño. Inmersos en la vorágine, ni se llega a cuestionar su mandato.
Carecemos del bien más preciado para afrontar el costo del confort. Idealizamos las ofertas, impulsando el changuito y rematando la tarjeta. Pero no existe góndola que lo contenga. Vacía estaría apenas la cargaran porque pagaríamos lo que sea por él.
Así seguimos esperando que algún cráneo encuentre el elixir que nos mantenga radiantes y joviales, derrochando vitalidad de la epidermis hacia afuera.
Adentro viene haciendo estragos, con su silencio mortal. La tensión traducida en múltiples contracturas, reumas, úlceras y hasta cánceres. La única cura es escapar a la locura que nos quieren imponer.
Yo soy parte de ella y ahogo los gritos del hastío como puedo. Sé que tengo el diagnóstico, sé que tengo miedo al remedio. No existe homeopatía ni medicamento que ose vencer este bloqueo hasta hoy...el temor a la libertad es un signo de estos días.
Días que se evaporan porque, pensando y penando, sólo logramos que se nos escapen...


sábado, 22 de noviembre de 2008

Cuando no es el juego lo que está en juego


En la agonía, de repente apareció el júbilo inconmensurable. El triunfalismo era otra vez dueño y señor de la situación. Omnipotentes, pedantes, desafiantes...olvidando, como corresponde a nuestra historia, el pasado.

Porque antes de arrancar la serie, ya se sentía al trofeo entre las manos. Máxime con el mejor del equipo contrario fuera de escena. Y luego de la primer jornada, las cosas habían sido puestas en su lugar. O en el lugar que el resultado marcaba.

También solemos jugar con eso: cuando se gana, es el temple, la gallardía y el coraje junto con la gracia, la técnica y el dominio. Cuando se pierde, echamos mano a cuanta excusa sea posible. El cansancio, la presión de la localía, el saberse favorito.

Ciclotímicos, adoramos falsos dioses con una facilidad conmovedora. Los llevamos a lugares imposibles, a que dejen de ser terrenales durante esas tres horas donde se libra la batalla. Ese exitismo que es tan argentino como el colectivo o el dulce de leche muta también con algo tan autóctono como el fracaso, la caída abrupta, la condena pública. El rey transformado en mendigo a la luz del resultado.

Y mañana esto sigue, aunque ya muchos den por hecho que fue el fin de la odisea.

Seguimos condenando y prejuzgando. Usando estadísticas como más nos conviene o le conviene al comentarista de turno quien pretende convertirse, a partir de ellas, en oráculo de lo que vendrá:

"Argentina desperdició una oportunidad única", dice. No será mucho?

" Sólo dos veces se dió vuelta un resultado en el tercer día". No hay dos sin tres pienso.


Es un deporte y, fiel al resto, lo elevamos á un plano superior. Como cuando Argentina era conocida por Maradona y ni sabían su lugar en el globo terráqueo. Buscamos asociarnos al éxito de un compatriota de cualquier manera y nos despegamos de sus derrotas de la misma forma.

Sentimos que debemos estar posicionados en otro lugar en el andamiaje mundial. Que no nos queda cómodo el "Tercer mundo" al que pertenecemos. Y abrigamos la esperanza de ser reconocidos de otra forma. "El país más europeo de América Latina", "El granero del mundo", "La cuna de Fangio y del Diez"...

Nuestra autoestima nacional también se mece en el subibaja de los logros deportivos. Porque en otras facetas no nos ha tocado mejor suerte o no sentimos internamente que podamos hacerlo.

El " a estos putos les tenemos que ganar..." era un deseo, un desahogo bajando de los asientos en las tribunas. Seguramente esto habrá llegado al rival quien pensó que debía mostrarse más viril que nunca como tácita respuesta, ya que en la adversidad se descubre de qué estamos hechos y no cuando el mundo nos sonrié y nos da de comer de la mano.

Mañana seguimos jugando. Seamos más humildes...

Reordando que es sólo tenis, no más que eso...

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Asolado al sol


El agua caía vehemente sobre mi cabeza. Necesitaba una ducha reparadora después del trajín al que el cuerpo fue sometido. El agobiante noviembre parece dispuesto a borrar cualquier vestigio del invierno que, ahora, se siente lejano.
Agradezco igual los implacables rayos que llueven al dar las doce treinta, momento en el cual me zambullo en ellos para despejar la mente y encontrar reparo en algún texto.
Observar el entorno me ayuda otro tanto a hacerlo. Parejas que se besan en anonimato buscado al reparo de un viejo árbol, dos obreros que se refugian en una Quilmes helada, un nene en triciclo llevado de la mano por su abuela...todas son imágenes que me hacen ir y venir del libro. Ficción y realidad en un mismo momento.
Recuerdos de amores, amigos, mi infancia. Cada imágen tiene su correlato en algo pasado. Y sé que soy un nostálgico empecinado.
Podría ver en esos seres otra situación si no fuera de esta forma. Alguien que vive el hoy conviviendo con sus Polaroid atesoradas en alguna parte del cerebelo.
Retomo el libro una vez que dejo de pensar en ello. Al instante, se me ocurren un par de líneas para una canción. Tanteo los exagerados bolsillos del pantalón cargo que llevo puesto, hasta que encuentro una birome.
Una vez que la empuño y dejo que mi mano transforme esa idea etérea en un trazo entendible, me disperso al ver un compañero de trabajo entrando a buscar un sandwich en el kiosko de enfrente.
Al saludarlo, ese texto virtual se evapora para negarse a regresar. Apelo a lo último que me acuerdo de él: las palabras negado y legado...de poco me sirven ahora puesto que lo olvidado radica en el nexo que había creado entre ambas.
Guardo fastidiado la birome y, mientras continúo con el texto de Galeano, intento evocarlo en vano. Será pérdida parcial de la memoria o amnesia selectiva?
Para el caso da lo mismo. Serán palabras que encontrarán otro nexo en la próxima estación...Y cuando bajen serán recibidas con júbilo ya que estuve añorándolas...una rareza en mí.