lunes, 18 de febrero de 2013

Creer o reventar

Era casi imperceptible el sudor de su frente. Se camuflaba muy bien en sus falsos y densos rizos. Caminó los pocos metros que lo separaban del destino. No sabía bien cuál sería el suyo sin embargo.
Pisó una baldoza floja primero que le salpicó la botamanga del pantalón, mientras que su pie izquierdo se deslizaba por la materia fecal recientemente abandonada de un perro de gran porte.
No había que ser muy creyente como para no dejarse llevar por la simbología encerrada en aquel acto. Tenazmente repasó la suela del mocasín una y otra vez por un brote que emergía de la vereda, intentando librarla de la fétida simbiosis a la que se veía sometida.
Una vez que estuvo en mínimas condiciones, siguió la marcha. Los nervios comenzaban a estrangularlo y encendió un cigarrillo. Dos pitadas seguidas y profundas, de esas que harían colapsar a un novato, penetraron en sus castigados pulmones.
Miró al cielo y este le devolvió con la segunda tanda de gotas del mediodía. El pavimento respondía con más calor aún, elevando la sensación de ahogo de quienes no tenían escapatoria de la city en ese enero implacable.
Buscó refugio bajo el toldo de un kiosko y arrojó la colilla, la que se deslizó con al agua que descendía el cordón. Ya sin su protección, se vió obligado a dar unas cuantas zancadas para no empaparse y perder su apariencia.
Se frenó en un local lindero para chequear su presencia. Acomodó su peluca y secó sus gafas en el piloto. Volvió a refregar la suela por última vez y acomodó el nudo de la corbata. Tanteó el arma y se sintió reconfortado al sentirla recorriendo sus yemas.

Alejó su imágen del vidrio, a tiempo para ver cómo el taxi se incrustaba inoportunamente en esa vidriera. Y eso que Rodríguez no era cabulero...

jueves, 14 de febrero de 2013

DIVINA ESPECIE

Tengo la certeza de que varios de mis contemporáneos hubieran deseado que el ser humano evolucione de otra manera.  Que además del pulgar oponible que le permite recoger lo necesario de cada lugar recorrido, debería haber podido dejar allí su piel,como lo hacen las serpientes. De esta manera hubiera perdido los estigmas de sus recuerdos y seguiría su camino de manera renovada.
Pero está destinado a  agrietarse por el inevitable avance del tiempo. A que cada gesto se  multiplique y se le vayan adhiriendo a su coraza como enredaderas que se apoderan de la fachada.
Y busca infructuosamente librarse de ellas. 
Así como las baldosas se van transformando en olas movidas al entero antojo de las raíces de los árboles, el hombre resulta alterado por los cimbronazos de la vida. Esto no es apreciable con un simple vistazo y, sin embargo, parece que le resulta primordial el ocultarlo.
Vemos así un universo de fantasmas que deambula por las calles esperando o desesperando, según como se los catalogue, por cosas triviales. Eso sí,  cada vez mejor conservados por fuera aunque más consumidos por dentro.
Porque los avances de la química y la medicina han sido más rápidos y fáciles de obtener que los cambios que esencialmente precisa. Debe ser  por esto que prefiere continuar mirándose en espejos antes que indagando en su interior...

martes, 3 de enero de 2012

INCANDESCENTE



En un instante todo se detiene. Pueden abrirse surcos debajo de ti queriéndo devorarte con avidez, y sin embargo no los registras. En ese estático momento, acontecen un sinfín de sucesos de los cuales no puedes percatarte.



No estás ni aquí ni allá.



Estás más allá de lo abordable por las simples mentes.



Te elevas para alcanzar otro estadío. Contemplas la escena tragicómica, viendo como todos se desviven a tu alrededor buscando retenerte en esta realidad. Pero, cuál es ella realmente?



Entre dudas, tu luz que no se apaga. Tu luz sumándose a otras tantas que van en ese mismo viaje sin haber pagado el boleto. Algunas decididas a alejarse del todo, otras pugnando por retomar el sendero de retorno. Y en el medio de ellas, la tuya. Yendo y viniendo indecisa...



Abajo, todos empecinados en retenerte. En qué armas utilizar para que sigas con tu misión en este mundo palpable, conocido. En invocar desde dioses hasta supercherías paganas con tal de que el día a día no mute y poder seguir a tu lado en estas tierras.



Si tu deseo es quedarte, te estan esperando...ilumínalos.

jueves, 7 de julio de 2011

14 de julio



Bostezos, vueltas, negación...arrancar de la cama en pleno julio es una epopeya. Los sustantivos de la rutina comienzan a operar entre sí, confabulados para que eyecte mi culo lo antes posible del departamento. Baño, cepillo, dientes,cocina, cortado, comedor, escobillón, gato, palita, litera, comida, agua, puerta, llaves, ascensor, calle, auto....tráfico.





El paisaje usual, el mismo recorrido, hasta parecen ser las mismas patentes las que chocan con mis pupilas. Huelgan las risas a esta hora. Sólo las veo entreveradas en portadores de guardapolvos que, espectantes, se reúnen en las entradas de los colegios por los que paso. El resto, cada uno en su mundo. Recluídos en el gélido metal que los transporta, o bajo densas bufandas.





Voy programándome, sacando optimismo de la guantera. Siempre la música ayuda a arrancar la mañana, a hacer llevadera la tarde, a relajarnos de noche. Son acordes ya sin dueño, que encuentran intérpretes diferentes. Demuelen malos humores, amoldan cansancios, resucitan inertes almas. Y en ese vaivén nos movemos intentando fusilar el frío reinante con el ardor de una canción.





El mundo sin música sería inconcebible...al menos para mi.





lunes, 18 de abril de 2011

PRESENTE AUSENCIA


Te extraño y no es extraño que lo haga. Dí por terminado un nosotros que sólo amagó con brotar. Y vaya que echó raíces en mi! Tan fuertes que me paralizan, como si me dejara abrazar por mil tutores de algarrobo.

Te hablo desde un presente que no podrás ver, ni oler. Donde escucharías ecos de un continuo reproche de algo que ya no podré alterar.

Sueño de tanto en tanto con tu voz y tu mano aferrándome, nuestra mágica conexión. Pequeñas uñas casi imperceptibles que afloran y razgan con tenacidad, pies flexibles que van a la boca una y otra vez. Proezas para alguien que ni siquiera puede alimentarse sin tenerme a su lado.

Y esa película sin filmar es la que me persigue. La que no me deja ver las siguientes, la que enluta todo en noches de domingos que intento llenar con la estupidez del televisor.

Pierdo de vista quien soy, por ver lo que no fui. Siento vacío el vientre aunque me obligue a cenar. Escuchando la conciencia, maldita voz delatora.

Sólo deseo poder seguir adelante, no para dejarte atrás sino para encontrarme con quién dejé...

Sé que debo perdonarme primero y te lo estoy debiendo. Sabemos bien cómo fue todo, como fui quedándome sóla...con todos mis miedos, mis tristezas, mis pocos años...No merezco sentirme así. Necesito amigarme conmigo, con el espejo, con la vida, con los que me aconsejaron para bien, pero mal entonces. Podrás ayudarme desde tu no ser?

miércoles, 19 de enero de 2011

Pasatiempo


Como en cuentagotas, los minutos pesan y se van amuchando de a sesenta rebautizándose en horas. Los contemplo en este ritual, imperturbable. O no tanto.

Es que la quietud del cuerpo discrepa con la velocidad mental. Ahí, donde se pierde la noción de qué es lo actual, pasado y futuro. Un álbum donde los muertos danzan con los nonatos, donde uno es, fué y será.

Todo es posible porque gobierna lo insensato: variantes a situaciones perimidas florecen nuevamente para atormentarnos en silencio. Aquello que dejamos atrás se nos pone por delante para azotarnos por enésima vez. El dolor nunca se da por vencido. Lo irremediable reencarna y toma forma para que recordemos eternamente.

Y cuando creemos que estamos nuevamente en carrera, fortalecidos por las vivencias, llegan otras que nos transportan a viejas situaciones. Esto ya lo pasé decimos, cerrándonos así la puerta.

Qué es real y qué no...lo que acontece en este momento se vuelve indescifrable por no poder distinguir entre cada una de las fotos que llueven como recuerdos mojados.


Otro conjunto se reagrupa empujando al 18, recibiendo al 19. El teclado y yo seguimos estimulándo la catarata de palabras. Esas que suelen decir tan poco a veces.


Tengo una excusa, no hay testigos que la avalen pero... lo mío fue en defensa propia.

Sólo quería seguir con mi pasatiempo, asesinar este maldito reloj y a todos los números que habitan en él.

miércoles, 12 de enero de 2011

Anochecer


En el balcón otra vez... viendo derrumbarse el día. El último jadeo de un sol que intenta no sucumbir. Pero su lucha, bien sabe, es en vano. El lucero y un par más de astros comienzan a ganar el azul profundo que invade el cielo. A lo lejos un tren se aleja de la estación a paso lento intentando abrirse camino por entre los autos de la avenida, quienes esperan impacientes.

Cuántos extraños dormitarán en sus vagones mientras anhelan refugiarse en su hogar pregunto mientras se escapa de mi visión.

Yo estoy en el mío. Los mismos muebles, la misma ubicación. Esa lámpara que al llegar no soñó con enquistarse en la mesa y echar raíces. Ya pasaron 10 años acá y lo que definitivamente ha cambiado es quien lo habita. Ese maniático del órden y la limpieza, del café siempre dispuesto. Quien puede tener la heladera vacía más de la mitad del mes mientras exista un Branca y su burbujeante novia eterna despatarrados en ella. El que tiene un teléfono que no suena y permanece con sus teclas casi inmaculadas, aquél que prefiere silencios a un estallido verbal...el que intenta no ser aquél mismo tipo que se atrincheró en este dos ambientes una década atrás.

Suelo no reconocerme en el espejo, cuestionar cómo es que han pasado tantas cosas y dónde quedaron las marcas. Las busco en la piel y sólo encuentro mis tatuajes, las persigo en sueños que casi nunca recuerdo, en retinas ajenas, por si quisieron esconderse de mí. Indago en sesiones de terapia, en algún cuaderno de los que fui raleando canción tras canción...

Tengo la certeza de que el universo sigue operando y uno es parte de su caprichosa rotación.
Cambiar es parte de vivir. Las alteraciones se suceden una tras otra y nos pueden dejar un sabor amargo de tanto en tanto. Pero son inevitables estas mutaciones periódicas. Lo estático, lo imperturbable lo dejo para cuando sólo sea un compendio de cenizas perdiéndose en el viento.