miércoles, 15 de julio de 2009

Cosa extraña


Avanzar, retroceder, desviarse, acelerar...todo termina siendo movimiento en definitiva. Podemos hacerlo en línea recta sin mirar al costado, como los mateos del zoológico.

O hacerlo lentamente, con la parsimonia de quien maneja sólo los domingos. Metafóricamente, como los cangrejos de alguna playa desierta, pergueñando contínuamente en lo pasado. O quizás con un desenfreno tal que nos permita evitar los carteles que la ruta nos señala preventivamente.

Quedarse quieto es sinónimo de estancarse.

El cuerpo, la mente, la vida nos reclaman algún gesto que la saque de la comodidad. Puede que esté en nuestra naturaleza, puede que el ritmo de la ciudad así lo condicione.

Encarar desafíos, ponerse metas, escalar hasta que los dedos esten entumecidos en la montaña de los sueños.

Quien sufra de vértigo, que se mude a una chacra a cultivar su alimento. Que viva alejado de sus pares, sin electricidad que lo acerque a las sucesivas tentaciones que irradian las pantallas.

El resto, mortales alienados, seguiremos en la danza eterna en la que hasta los postrados bailan imaginando otro destino.

Craneando la próxima jugada, estrategas del día a día. Sobrevivientes algunos, vivos por demás otros.

Un amasijo rodando y rodando. Entremezclados los unos con los otros en una pirámide venida a menos.

Seguramente estarán quienes quieran bajarse del samba enfermizo como también los que disfruten del mareo y de los golpes. A veces me quedo a mitad de camino contemplándolos.

Hasta que la noche me sorprende con su helado aliento y parto nuevamente.

lunes, 6 de julio de 2009

Pide y se te dará...


Tenía treinta pesos en el bolsillo esa noche. Sin embargo al próximo amanecer esperaba sumar unos cuantos billetes, tras haber entrado a regañadientes al grupo.
Ellos arrancaban temprano en la casa del Laucha, reducto donde las esperanzas se materializaban al apoyar el último vaso, quien fuera el artífice de que sumara al clan tras convencerlo de lo fácil de la cuestión, de la necesidad de su destreza al volante, de poder escaparle rápidamente a la miseria en la que estaba...
Saque si quiere ganar! dijo un tal Ramírez, mentor del plan, sumándo dos rayas más a su cuenta. Por detrás, el resto reía sin saber bien de qué.
Acusaron las once las agujas del reloj. Envalentonados, subieron los cuatro al furgón y avanzaron por las calles de tierra rumbo a la ruta. La cumbia aturdía a los cinco ocupantes mientras la madrugada parecía estar sedada fuera del habitáculo.
A menos de un km del depósito, apagaron el estéreo y comenzaron a chequear el fierrerío. Una 45 quitada al último policía acribillado, dos 22 "matagatos" que amedrentaban más que otra cosa y un Colt 32 que tenía unos cuántos atracos en su haber. Todo estaba listo para adentrarse en la metalúrgica.
Tomó el volante y enfiló resuelto. Dos luces azules a lo lejos, lo hicieron apagar las suyas y resguardarse a la vera del camino. Sentía el corazón trompeándolo en las costillas.
Tras la ventanilla, contempló los pañuelos rojos, botellas y damajuanas vacías arrinconadas frente a la estampa del Gauchito Gil.
No era creyente antes y menos después que la leucemia le arrebatara a su primogénito. Pero sintió la necesidad de encomendarse a ese ícono. Todavía en casa lo esperaban otros dos vástagos y su mujer.
Aguardaron a que entrara el primer camión del reparto, manejado por un vecino de la humilde barriada al cual habían hecho socio previamente. El portón gruñó al abrirse y, trepadas al paragolpes, divisó las siluetas de Matute y del Laucha perforando la mediocre vigilancia.
Arrimándose sigiloso, desenfundó el imponente revólver y encaró al empleado de seguridad quien no opuso resistencia.
Todo venía resultando tal cual lo planeó Ramírez. Nunca supo si ese era su apellido verdadero pero mejor ignorarlo, pensó. Sabía si que había estado guardado más de lo que había caminado en su vida. Sólo haría un "trabajo" y con su parte pensaba comprarse un auto para remís.
Desde que había sido echado en la última crisis, todo se había vuelto cuesta arriba. La enfermedad de Nahuel lo había dejado en la ruina, lugar del que era habitué, hasta que consiguió aquél trabajo en la textil. Esos tiempos de bonanza se le cruzaban por la mente en este momento y a ellos añoraba volver después del atraco.
Flanqueado el ingreso, redujeron a los pocos operarios que trabajaban en el turno nocturno y avanzaron a la Administración. La vetusta caja fuerte ronroneó gentilmente en las manos del Laucha y desnudó el efectivo y cheques que poseía. Algunas computadoras y elementos electrónicos servirían también para aumentar la cuenta. Una hora más tarde, ya sustraídas las cintas de las cámaras y encerrados convenientemente los empleados, se alejaron presurosos al estacionamiento donde Ramírez los esperaba cargando las cosas.
Al aproximarse, un fogonazo iluminó la incrédula cara del Laucha quien cayó seco al pavimento. Otro más y fue Matute quien lo hizo sonoramente al hacerse añicos el plasma que acarreaba.
Para cuando las piernas querían salírsele del cuerpo, un ardor desconocido le corrió por la espalda tumbándolo también. Alcanzó a divisar cómo se escondía en la campera la humeante 45 y más arriba el rostro impávido de Ramírez.
Giró por última vez la cabeza, contemplando aquella imágen a la vera de la ruta y se sintió más identificado que nunca con el pagano santo. Cayó por gil y gauchito...

miércoles, 1 de julio de 2009

Somos los mismos de siempre


Terminado el escrutinio, no pudo más que soltar una mueca de alivio. Importaba el resultado claro está, pero más todavía el acabar con tanto asedio periodístico, tantas horas de sonrisas apócrifas para la foto, tantos viajes a parajes desconocidos de la provincia.

El ser una figura política tiene sus desventajas.

Bien lo sabía cuando tuvo que esconder algún que otro hijo a la prensa a cambio de ciertos privilegios para el reportero inquisidor.

Su mujer conocía esos deslices pero cambiaba el qué dirán por una vida social en armónica conveniencia. Como compensación, terminó por tener algunos encuentros furtivos con el secretario privado de su esposo.

También era cierto que él estaba allí más por descendencia que por mérito propio.
Su carrera en el Derecho no había sido brillante como la de su padre, ni su abuelo.

Pero el feudo estaba consolidado y los cargos iban sucediéndose generación tras generación.
De hecho, la familia completa ocupaba cargos y su mujer no sería la excepción, ocupando la cartera Salud y Bienestar Social para darle un aire "a lo Evita" a la gestión.

Aún así, en algunos casos, la suerte les había sido esquiva en las urnas. Nada que no pudiera dirimirse luego tras una charla amistosa en principio y alguna balacera intimidatoria luego.

Marionetas sobran, deciá el viejo caudillo, y tengo comprados los hilos ...

Las primeras encuestas lo habían colocado en una paridad. Terciaba un potencial candidato, al cual bastó convencer con 1000 hectáreas del gobierno provincial, para el tejido de una endeble alianza.

Llegado el día electoral, los boca de urna auguraban un triunfo por 4 puntos. En la gobernación las pantallas de plasma abundaban y el enjambre de reporteros revoloteba mientras iban llegando los cómputos desde la capital. Los dedos mecián los hielos en el vaso de Chivas mientras su
diestra recorría un pañuelo por su frente. Los números desconocían la lógica o, al menos, eso empezaba a creer. La exigua diferencia a favor no le permitía el relajo acostumbrado.

Llevaba 8 años dirigiendo los destinos de SU tierra e iba por otros 4.
Su padre había logrado modificar la Constitución Provincial y se había mantenido impertérrito 16 años en el cargo. Luego llegó su turno, ahora no podía ser menos.

De repente un entumecimiento se apoderó de su brazo. Rígido, cayó desplomado al suelo volcando el resto del etílico en la alfombra persa. Corrieron todos tras él dentro de la habitación, procurando reanimarlo. El equipo médico se hizo presente y fue derivado de inmediato al nosocomio más próximo.

Siendo las 5.50 AM se comunicó oficialmente su deceso. Para esa hora la elección tenía un ganador por tan sólo 0.42%. Continuó siendo un digno heredero.
Viva la democracia...

miércoles, 17 de junio de 2009

Según pasan los años...


Otra mañana y despierto el intento de levantarme.
En la televisión, los goles de la campaña del Barsa campeón se funden con los golpes de la obra del último edificio que entra en la manzana.
Un leve atisbo de luz traspasa la persiana que resiste estóica el embate del viento azotando el octavo piso.
Más abajo imagino las manos ateridas de los pibes entrando presurosos al colegio de enfrente. Bocinazos a destiempo llegan como prueba enfática del malhumor y la impaciencia.

Destapo mi ser y mis pupilas a la vez. El frío del cuarto atestigua la carencia de una estufa.
No puedo quejarme sin embargo, siempre hay otro en peor situación.
Con el cuero de pollo, echo café en la taza que quedó sin lavar desde ya no me acuerdo cuándo.
Mientras, gano un par de minutos injertándome el pantalón y poniéndome una remera sobre la cual dormí. Pretendo conservar a rajatabla algo del calor del acolchado.
Doy cuenta del famélico desayuno en un sorbo único. Acomodo un tanto el pelo y lavo mis dientes.
La indecisión se vence luego, al colocarme el pulover. Ya no hay vuelta atrás.
Resta sólo encontrar las llaves, tarea no siempre sencilla, y emprender el descenso directo a los avernos laborales.

Apreto el botón que se ilumina luego, anunciando un movimiento que no se produce. Alguien debe haber dejado la puerta abierta del ascensor supongo. Repito el mecanismo pero, esta vez, un piso más abajo. Nada ocurre. Debe existir una confabulación, una logia matutina empecinada en que deba bajar los siete pisos restantes por la escalera.

Emprendo la tarea no sin antes recordar parte del árbol genealógico del descuidado o malnacido copropietario. Tres pisos más abajo ya no me importa en cuál de las dos categorías se enrola el sujeto, optando decididamente por la segunda.

La mochila cargada se va convirtiendo en un yunque mojado. Una vez llegado a tierra firme refrendo el daño causado por los años de tabaco y por los años en sí.
Es tiempo de hacer ejercicio me digo, mientras enciendo el primer rubio al subirme al auto.

viernes, 22 de mayo de 2009

Desarmados


Recientemente, a un compañero del trabajo le sustrajeron su vehículo. Uno de los tantos amanecidos que se vuelven peatones tras el rocío de la noche.

Lo particular de esta historia es que era titular de un Renault 6 del año 81 (si.. cuando Boca salió campeón con Maradona, recién salía del ensamblado).

Más allá del modelo, era un coche sin nada llamativo, humilde. Reflejo de un laburante que, a punto de pisar los cincuenta, recién puede construirse la casa propia. En los fines de semana y con sus propias manos, aclaro.

El Renault apareció a las pocas horas absolutamente desmantelado a pocas cuadras de donde él vive (orgulloso morador del barrio Km 30 en Adolfo Sourdeaux).

Ya sin neumáticos, y con el alma algo desinflada también, intentaba llevárselo con una grúa mientras los lugareños se lo impedían a pedradas para poder ultimar definitivamente al viejo rodado.

Cuándo y cómo se originó esta "intifada" entre pobres?

Cierto es que pobres siempre hubo, que el robo existe desde que el hombre es tal...pero los llamados "códigos" están absolutamente defenestrados. Porque es evidente, como él me decía, que esto fue un "encargo de otro perejil" (cito textualmente) que tiene otro auto de la misma antiguedad y que necesitaba algunas piezas para el suyo.

Vale decir este es un fiel exponente de lo que se ha generado en estos últimos años, la "cultura" del facilismo:

Para qué esforzarse en ganar lo propio si es más sencillo apropiarse de lo ajeno?

Para qué trabajar tanto si el mensaje que nos vienen transmitiendo es que se llega al dinero y la fama (no al reconocimiento, algo bastante diferente por cierto) a través de un escandelete de peluquería barata?

Para qué partirse el lomo si el Estado está esperando agazapado para dar un asistencialismo hipócrita y deficiente a cambio de un voto que cada vez es menos analizado?

Para qué estudiar años, adquiriendo conocimientos, si se ve tanta ignorancia suelta subida a un último modelo?

El "Cambalache" de Discépolo está cada día más vigente...seguimos cada día más peligrosamente ignorantes.

Porque es parte de esta "cultura del facilismo" el dejar de lado la educación. Germinamos ignorantes y cosechamos desguasadores, marginales, más violencia. Más armas y cada vez más desarmados para resistir y ser críticos.

Estamos consolidando así el eterno estancamiento de clases. Ahí estarán los votos necesarios para ganar la próxima elección....

lunes, 20 de abril de 2009

Perdido


Luego de ir y venir por tantos lugares, de desandar el recorrido una y otra vez mil veces, ahí estaba tal cual lo había visto la última vez cuando se escapó.

Casi que me animo a preguntarle si era él por temor a llevarme algo ajeno.

Estaba jugando con el agua del bebedero , en la plaza de mi viejo colegio.

Había quedado por el piso hace un tiempo y se ve que, aburrido, decidió echarse a andar y rehacer su vida.

Yo seguí con la mía, a otro pulso obviamente, sintiendo terriblemente su ausencia al principio y luego agradecido de que hubiera seguido su camino.

En ese lapso me cambió el carácter. Me sentí invulnerable, omnipotente e inmensamente vacío a la vez. Hacía carrera en la empresa, ganándome la antipatía de varios compañeros. Eso no me generaba absolutamente nada, puesto que habían pasado a ser poco menos relevantes que la limpieza del escritorio en el que habitualmente trabajaba.

Tampoco estaba al tanto de la familia y mis amigos. Desconecté el teléfono al primer llamado inquisidor, con la parsimonia con la que suelo acariciar al gato. Más por evitar el desvelo que por brindarle cariño. Cariño? Tenía recuerdo de algo similar. Una sensación vaga, un pequeño destello nomás.

Definitivamente los sentimientos se los había llevado aquél que, ahora, estaba sentado en la hamaca conmovido al ver un par de gemelos jugando en el subibaja.

Decidí no preguntar y, tomándolo con la guardia baja, lo encarcelé inmediatamente donde solía estar. Juré nunca más sentirme tan triste como para perderlo de nuevo.

Prometí darle debida atención a sus inquietudes, a su parecer...

Al fin de cuentas es mi único corazón.

martes, 14 de abril de 2009

VACACIONES


Para algunos es sinónimo de desenchufarse, desconectarse unos días de la rutina en la que nos sumergimos enfermizamente. Ese breve lapso donde nos damos lugar para encontrarnos con uno mismo, donde nos damos ese tiempo necesario para "no hacer nada".

Ahí, sea bajo el sol o las nubes, inmersos en algún libro, contemplando simplemente el balanceo de unas hojas o embelezados con algún animal que se aparece, nos sentimos plenos.


En esa búsqueda de paz se produce la antítesis de la desconexión.

Porque es en ese instante donde más estamos presentes, donde más genuinos somos, donde más nos reconocemos.

Todo aquello que nos rodea no es más que un marco para que ello pueda producirse.

No hay en qué pensar, cosa que estoy aprendiendo y aprehendiendo para mejorar la calidad de vida (sugiero lean "El poder del ahora" de Eckhart Tolle).

Todo parece estar realmente bien, somos menos vulnerables a las irritaciones (claro, si estamos de vacaciones dirán) y más proclives al entendimiento.

Es evidente que tenemos otra vibración, la que se se nos apaga (o dejamos apagar) una vez que se termina el descanso.


Cómo sería si todos tuviéramos esa sensación en continuado?

Despertar en la cama de siempre pero sentiendo que todo es distinto, que cada hora que pase es un nuevo reto, otra cosa nueva por la cual salir del embotamiento crónico que es lo que nos autuproponemos sin saberlo, al dejarnos gobernar por la mente.

Todo se nos hace tan automático, todo parece tan predecible.

Y todo en realidad es tan diferente a lo que nos armamos, en esa necesidad de planear cada paso que daremos.


No estoy diciendo nada nuevo con esto, seguramente muchos lo habrán escuchado o leído, hasta puede que ya lo estén poniendo en práctica.


Los invito a sumarse entonces, a que no se termine esa sensación. Aún sabiendo que faltan varios meses, no pierdan la posibilidad de estar conectados con cada fibra de su cuerpo, con lo que nos rodea, estar más presentes y menos inmersos en el ruido de las "ideas" que (ya verán quienes quieran profundizar en ese libro) no son más que proyecciones de algo que no llegó o una retrospectiva de algo que ya pasó y dejó de existir. Ambas contaminan e, inconcientemente, nos estamos perdiendo cada segundo de nuestra vida...